LA EDUCACIÓN EN LOS UMBRALES DE LA REPÚBLICA

Urbano Muñoz Ruiz
Docente en la Universidad Nacional  San Cristóbal de Huamanga
Poeta, narrador y ensayista
Magister en Comunicación Social – UNMSM

En 1781, el prócer José Baquíjano Carrillo pronunció su famoso “Elogio al virrey Jáuregui”, que constituye la primera crítica abierta contra el régimen virreinal español, a tres meses de la ejecución de Túpac Amaru II; y en 1826, Bolívar se alejó definitivamente del Perú. Entre ambos años se extiende el período transicional de la Colonia a la República, según Rey de Castro (2013) en su libro La transición: de súbditos a ciudadanos, 1781 – 1826.

Es un período clave para entender la Independencia no solo como una revolución política y militar contra la corona española, sino  también como una revolución cultural e ideológica.

La consolidación de la Independencia implicó para la educación el desafío de la transformación de la mentalidad colonial de los peruanos. Éstos, de considerarse súbditos de la monarquía española, debían de convertirse en ciudadanos.

En consecuencia, la educación tuvo que renovarse merced a las ideas modernas venidas de Europa. Ideas que fueron bien acogidas, sobre todo en el Real Convictorio de San Carlos, cuyo objetivo principal era hacer de los hombres individuos libres, patriotas y útiles a su país, en contraposición, la educación del antiguo régimen, que “como lo sostuvo el visitador real José Antonio de Areche en 1778, tenía como fin ´formar al hombre en vasallo’, obediente y sumiso a la monarquía española”.

Es el tiempo en que el pensamiento educativo peruano, encarnado por Baquíjano y Carrillo, Viscardo y Guzmán, Unanue y Rodríguez de Mendoza, se enriquece con las nuevas ideas provenientes de Europa y fomenta el conocimiento del Perú y el desarrollo del sentimiento patriótico entre los peruanos. Destaca en este proceso el Mercurio Peruano, periódico de la Sociedad de Amantes del País, que pasó a la posteridad por su contribución a la formación de la conciencia nacional.

¿Cuáles fueron esas ideas modernas, nuevas? Sin duda, las ideas de la Ilustración, movimiento intelectual europeo de los siglos XVII y XVIII, que se definió principalmente por el uso y la celebración de la razón, “con la que el hombre comprende el universo y mejora su propia condición”.

Algunas de las ideas características del pensamiento de la Ilustración eran: a) el gobierno debía de respetar los derechos naturales (la libertad y la igualdad, entre ellos) y ejercerse mediante un contrato social (destinado a lograr la máxima felicidad para la mayoría de la gente); b) la escuela debía de adquirir una carácter nacional (lo cual suponía distinguir entre instrucción y educación, y precisar como más importante a la educación por cuanto si estaba bien dirigida produciría ciudadanos).

Estas ideas resonaron en los planteamientos educativos de los próceres de la Independencia y su impacto se evidencia, por ejemplo, en la reforma educativa emprendida a partir de 1787 por Rodríguez de Mendoza, rector del Convictorio de San Carlos, y que estaba orientado a lograr una educación moderna y pragmática, con el objetivo de formar individuos útiles y al servicio de la patria.

Rey de Castro (2013) sostiene que en ese entonces los intelectuales peruanos se plantearon dos grandes objetivos: implementar una educación moderna (al nivel de la contemporánea de Europa Occidental, formadora de individuos útiles a la sociedad y al Estado) y promover una educación nacionalista enfocada en el conocimiento integral del Perú y en infundir amor a la patria.

Añade: “Considerando las limitaciones históricas –el Perú era una colonia que dependía políticamente de la metrópoli -, estos objetivos se pudieron alcanzar en buen grado. Sin embargo, en general, este relativo éxito solo abarcó al grupo criollo de elite. En este sentido, es válido el juicio del Libertador San Martín, quien acusó a España de haber usado la ignorancia como firme columna de su gobierno. Por otra parte, también se ha culpado a la elite intelectual del Virreinato de haber estado preocupado únicamente en la instrucción superior de los criollos y no haberse ocupado de la elemental, lo que perjudicó sobre todo a la mayoritaria población andina (…). En consecuencia, resultaría fundada la opinión del político conservador limeño José María Pando (1787 – 1840) en el sentido de que la instrucción primaria a inicios de la República se encontraba en situación “lastimosa”.

Al comenzar la República, el primer gobierno independiente del Perú, el de José de San Martín (1821 – 1822), encara los problemas educativos heredados de la Colonia y se interesa en ´fomentar la instrucción pública’, un proyecto educativo destinado a producir un adelanto cultural en el pueblo peruano con miras a la concreción de un gobierno democrático. Con esta finalidad, en 1822, San Martín solicitó los servicios del protestante inglés James Thomson, para que implementara el sistema ´lancasteriano’ de instrucción, llamado también monitorial, recíproco o mutuo, que tenía la ventaja de su reducido costo y efecto multiplicador.

“Las escuelas ´lancasterianas’ –escribe Rey de Castro- hacían las veces de escuela normal, ya que se capacitaban a los monitores para asumir la dirección de otras escuelas fundadas en provincias, siguiendo el mismo modelo. La insistencia en la educación normal se debió a la necesidad de preparar maestros para satisfacer las crecientes necesidades de una pedagogía popular primaria. Así, el 19 de septiembre de 1822, a pocos días de dejar el gobierno, San Martín instaló solemnemente, en el local del colegio Santo Tomás, la primera Escuela Normal ´lancasteriana’ del Perú y de América Latina. Complementando este importante acontecimiento, el 9 de diciembre, el Congreso del Perú declaró que la instrucción pública era una prioridad nacional; por lo tanto, decretó que se adoptara el método ´lancasteriano’ de enseñanza, por ser considerado el más adecuado a las circunstancias”.

San Martín dejó sentadas las bases del pensamiento educativo republicano: fomento de la moral pública, el civismo, el amor a la patria y a la justicia de la causa independentista, la educación de las mujeres, la educación de los libertos.

Ausente ya del país el Protector, destaca en el escenario político José Faustino Sánchez Carrión (1787 – 1825), empeñado en la gran tarea de educar a los peruanos mediante el proceso de transformación de la mentalidad colonial (que a inicios de la República todavía prevalecía) hacia una mentalidad republicana. El prócer es uno de los primeros políticos en enfrentar a la llamada “cultura de la transgresión”, tan peculiar en los criollos peruanos, herencia de la “escuela de la obediencia” virreinal española.

Refiriéndose a la obra de Sánchez Carrión, Rey de Castro (2013) dice que fue “una cerrada defensa del sistema republicano, con todos los beneficios que este tipo de gobierno le procuraría al Perú. Pero no solo se preocupó por educar a los peruanos en sus derechos ciudadanos sino también en sus deberes con la patria. Una idea que Sánchez Carrión procuró inculcar a sus compatriotas fue que el mejor medio para consolidar y engrandecer al Perú era ´observando las leyes fundamentales de la República’. Así, mientras que en la Colonia se había hecho costumbre incumplir las leyes, en la República debía suceder lo opuesto: como fueron dadas por ellos mismos, las leyes debían ser respetadas y obedecidas”.

Después del período de anarquía política (protagonizado por Riva Agüero y Torre Tagle) que siguió al alejamiento del Protector, llegó Simón Bolívar, cuyo gobierno prosiguió la tarea de difundir la educación emprendida por el Protector, siempre bajo la influencia de las ideas de la Ilustración y usando el sistema pedagógico “lancasteriano”.

Así, “se estableció que la educación (la primaria sobre todo) era un derecho que la Constitución del Perú garantizaba y que esta debía “ser general en todas las clases que habitan el Perú”, especialmente para “los hijos de los antiguos indígenas”, quienes debían recibir la misma educación y rango que la recibida por los criollos”.

Desafortunadamente, al retirarse Bolívar, la anarquía volvió al Perú abarcando un período mucho más largo (1827 – 1860), donde lo característico fue la lucha de los caudillos, que entorpecieron la expansión de las regulaciones escritas en todo el territorio nacional.