EL GAS QUE NOS CONSUME

Emilio Santa Cruz
Lic. Educación UNSCH

Luego de pasar por cuarentenas severas y la obligada recesión económica vivida el 2020, este año se llevaría todo el proceso de reactivación económica; pero no solo la segunda ola del covid 19 atenta contra ello, sino el precio del balón de gas doméstico, cuyo costo del balón de 10 kilos entre noviembre de 2020 y enero 2021 ha subido de precio que oscilaba entre 30 y 34 a 38 y 42 soles en promedio; un fuerte y abusivo golpe a la economía de las familias. Un aumento que no ha recibido la atención del Gobierno, del Ministerio de Economía, Ministerio de Energía y Minas, menos una explicación de Osinerming y/o de Pluspetrol.
Pluspetrol abastece a nivel nacional a 147 plantas embazadoras de gas, y en definitiva se podría decir que aquí nace el valor del producto. Al 07 de enero el precio de venta de Pluspetrol es de 27 soles, cuando el mismo producto en enero del 2020 era de 20 soles. Se sube el precio justificando que obedece a estándares internacionales, pero cuando bajan los costos internacionales en el mercado peruano se hace tardíamente o no en su totalidad. El precio de origen sufre variación en la cadena productiva, es así que la planta envasadora entrega a los distribuidores, y de aquí a los consumidores finales. Todo un recorrido que genera costos de flete, trabajadores y márgenes de ganancia, todo ello hace que el gas sea más caro.
Hasta aquí se podría decir que el precio es determinado por la oferta y la demanda de mercado, pero hay otras circunstancias. El Organismo Peruano de Consumidores y Usuarios (Opecu) elaboró un informe de las variaciones de precios de gasoholes y gasolinas en el año 2020, cuyo resultado indica que los usuarios habrían pagado S/ 400 millones de más por sobreprecios debido a que Petroperú, Repsol e importadores no trasladaron bajas de referencia internacional de manera completa y oportuna al mercado peruano. ¿Qué hace pensar que no sería la misma situación con el GLP? Es decir, hay una sobrevaloración del gas en cada una de las líneas de producción, más aun sabiendo que es producto que sale de Camisea.
Otro factor, no menos importante, es que mediante Decreto de Urgencia N° 010-2004 se creó el Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles Derivados del Petróleo, como un fondo intangible destinado a evitar que la alta volatilidad de los precios del petróleo crudo y sus derivados se trasladen a los consumidores finales. Entre los productos afectos al Fondo consistían en: el GLP envasado, el Diésel BX (destinado al uso vehicular y utilizado en las actividades de generación eléctrica en sistemas aislados) y los Petróleos Industriales utilizados en las actividades de generación eléctrica en sistemas aislados. Hasta ahí todo bien, pero ocurre que, con fecha 21 de abril de 2020, se publicó el Decreto Supremo N° 007-2020-EM, disponiendo en sus artículos 1 y 4 que, a partir del martes 28 de abril de 2020 quedan excluidos de la lista de Productos afectos al Fondo, el Gas Licuado de Petróleo (GLP) y el Diésel BX.
Es decir, en plena pandemia y con la crisis económica nos dejaron sin el fondo que paleaba en algo el costo del balón de gas doméstico.
La idea no es que se fijen los precios de los hidrocarburos, pero si una celosa vigilancia a la sobrevaloración y a la concertación de precios (que ya han hubo casos y multas), que solo beneficia a las empresas. Es tarea de las instancias competentes y ministerios trabajar y velar por la transparencia de los precios, promover una competencia del sector, fiscalizar el servicio en cada una de las cadenas productivas, solo así pagaremos el precio justo y estaremos camino a alcanzar la verdadera y completa reactivación económica que tanto necesitamos.