PAÑUELOS BLANCOS
Por ciertos azares de la vida, mi padre tenía una oficina en el Centro de Lima, por temas del internet me trasladaba desde lima norte, hasta el Centro Histórico; en una ocasión, claramente remembro un 22 de febrero, tomé la combi que habitualmente lo hacía, en esta ocasión iba acompañado de mi primo que cursaba un año menos en primaria.
Recuerdo imborrablemente en mi memoria, que aquella vez la combi nos dejó en plaza unión, porque no había pase, los pasajeros reclamaban, pedía el retorno del costo del pasaje y todo se tornaba en gritos, y nosotros acompañados de la fuerza de nuestra juventud, decidimos caminar, finalmente no estábamos tan lejos de nuestro destino.
Bajando de la combi, se apreciaba más gente de lo común, muchos de ellos con vinchas blancas en la cabeza, otros con polos blancos y rojos con una estrella, muchos de ellos gritaban “Víctor Raúl”, “EL Apra Nunca Muere”; las arengas eran más constante en nuestro avanzar, que por cierto se hacía más lento por la multitud de gente, eran miles de personas.
Cuando bajamos de la combi (que mencionaba en el párrafo anterior) se apreciaba la luz del día, llegar a la plaza Dos de Mayo, fue una especie de calvario entre empujones y personas que con su altura nos hacían desaparecer, algunos nos trataban de “compañerito” en el trascurso de nuestro andar y nos preguntaban de que delegación somos, nuestra respuesta no era más que una sonrisa y una pregunta silenciosa ¿Qué pasa aquí?
Ante tanta gente, en plena plaza Dos de Mayo, no nos podíamos ubicar, entre el mar de multitud apreciamos una banca y decidimos subir en ella para ubicarnos, la avenida Alfonso Ugarte era un mar de pañuelos blancos (por eso también conocida como la avenida de los pañuelos blancos), nunca había visto tanta gente junta, ni en el propio estadio nacional de Lima, aquella imagen me impactó.
Ayudados de nuestro corto tamaño, y cuerpos ligeros en peso; caminamos hasta tratar de llegar lo más cerca del estrado, que en realidad fueron tres cuadras de diferencia, hombres de camisa y guayabera, cogían el micrófono y hablaban del maestro, con un orgullo único, con una fe trascendental, fue así que escuche de Víctor Raúl Haya de la Torre, aquel día llegué a casa de noche, porque me quedé hasta el final del mitin y el tráfico atroz que no ayudo en nada.
Llegué cargado de preguntas y dudas que revoloteaban en mi cabeza ¿pudo haber existido alguien así, con esa nobleza, inteligencia y gran moral de Haya de la Torre?, la dudas me conllevaron a preguntar más de este líder, a partir de esa fecha he leído libros de la vida de este ilustre peruano que dignificó la política en nuestro país, es así como logré entender el legado de este hombre que, a pesar de su muerte, aún trasciende en espacio y tiempo.
El Apra, brilló algún día como una estrella de verdad, con una intensidad única que trascendió generaciones, Haya de la Torre, era el Apra y el Apra, era Haya de la Torre, Feliz Dia de la Confraternidad Aprista, feliz día a quienes abrazan los ideales un tipo que creyó y construyó un espacio de “Pan Con Libertad” y “Justicia Social”.

