HATUN SORAS, YAWAR FIESTA, EL APU PAYACCA SE VISTIÓ DE MUERTE
Soras, bien vale una misa de mártires, no un réquiem de difuntos. Cada 24 de agosto, concluida la misa, salen los soreños en procesión de San Bartolomé y la Virgen de la Asunción. Ya en la plaza, celebran al Toro Velay, de raigambre ancestral con cantos y bailes remedan el Taki Onqoy (conciencia milenaria, con un tinte hispano-andino), sobresaliendo la bravura de las soreñas que se enfrentan al toro o a un becerro al ritmo de sus caderas. Nuestro José María Arguedas, publica en 1941, Yawar Fiesta, cimera novela en la que narra con alma quechua, que los habitantes del pueblo se enfrentan por las calles, al toro más salvaje de la región, el «Misitu». Esa es la cercanía andina más espiritual o emocional entre Yawar Fiesta y Hatun Soras. Así, nuestros hermanos andinos son dibujados por Arguedas, y así lo siento ahora y considero que sigue siendo la expresión más digna y vigorosa de su peruanidad, donde se conjugan las expresiones culturales de la sensibilidad andina que considera que el Toro Velay, es una de las expresiones rituales trasformadas de la escatología antigua en la memoria de los soreños, como si quisieran darles vida a los dioses milenarios. A quienes lean esta columna, los invito a releer: “Los Dioses Vencidos”, sobre el Taki Onqoy de Ranulfo Cavero. Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga. Centro de Pesquisa en Etnología Indígena, 2001.
PROHIBIDO OLVIDAR. – Como real muestra a su personalidad histórica y desde luego su identidad peruana, los soreños merecen de todos nosotros, un recuerdo perenne a los ciento cuatro mártires, vilmente asesinados el 16 de julio de 1984, por un grupo terrorista de sendero luminoso. Estos criminales, tomaron un bus de la empresa Cabanino en su ruta hacia Soras. Los bárbaros, previamente asesinaron a humildes campesinos pobladores de de Sontohocha, Paclla- Chalapuquio, Badopampa, Sayropampa, Doce Corral, Yanama, Sayhua, Chaupihuasi, entre otras comunidades hasta llegar a Soras. ¿Qué crimen cometieron los soreños para haber merecido tan indigno y cruento final? El haberse negado a aceptar las arengas y cuentos de los discípulos del precursor del filósofo chotano. Esos mártires soreños, no sólo deben estar presentes en nuestras oraciones, sino, en el firme propósito que esos crímenes de lesa humanidad, no se reediten jamás en el Perú. Los que ahora están sedientos de poder, llámense castillos, cerrones o aranas, no merecen ser mandatarios de 32 millones de peruanos, son la flor y nata de la kakistocracia (gobierno de los peores). Son el lumpen criminal que ha tomado por asalto todas las instituciones del estado, incluidas las militares. Son, ni más ni menos, una banda crimial.
Finalmente, elegí como nombre para mi columna: HATUN SORAS, publicada gracias a la Agencia Prens Perú, para que nunca se olvide a SORAS, Provincia de Sucre, Ayacucho, donde, como repito, el 16 de Julio de 1984, hace 38 años, los bárbaros del “sombrero luminoso” comandados por victor quispe palomino, asesinaron vilmente a 104 humildes peruanos. No esperemos que la historia se repita, no más indolencia. Soras, bien vale una misa de mártires, no un réquiem de difuntos.

