¡TODOS VUELVEN… MENOS LOS INGRATOS Y LOS DESCASTADOS!
Cuarenta y cinco años me separan físicamente de la tierra que con sus peculiaridades moldeara el amor que profeso por ella, cuarenta y cinco años sin tiempo ni olvido, cuarenta y cinco años de amores y recuerdos añejados en los más profundo de mi alma. El tiempo, no se agota en nuestra cortísima existencia, si amamos el gentilicio de nuestro pequeño pueblo que escuchara nuestro primer llanto a la vida. El infinito tiempo es un círculo que gira, gira y no se cerrará jamás, tan igual como nuestros recuerdos, que revolotean entre carcajadas bañadas con lágrimas de alegría y recónditas penas por los que ya no están con nosotros, pero que viven en el espíritu que llamamos vida. ¿Quién no ha sentido en la lejanía física del hogar, de los seres que amamos, de la patria, esa fuerza incontrolable que hace crujir el pecho al escuchar: “ Todos vuelven a la tierra en que nacieron…” del limeño César Miró Quesada Bahamonde (Lima, 7 de junio de 1907 – 8 de noviembre de 1999) a quién aprendimos a conocer solamente por César Miró? ¿Cómo no amar MALABRIGO, triste con fuga de marinera, letra de César Miró, música de Alcides Carreño Blas, que cuando niños, cantáramos en el coro de la Escuela de Aplicación de la Normal de Varones de Cajamarca, dirigida por los Hermanos Maristas?
Hoy nuestro Perú, está invadido por un grupo de ingratos y descastados con la tierra que los viera nacer. Dicen en Tesalonicenses 5:18 “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.” Dios quiere que demos gracias en todo. Por consiguiente, hay que ser agradecidos, especialmente por nuestros hermanos, es decir, por todos los peruanos y los que viven y trabajan con nosotros. ¿Amigo lector, crees tú que el aún presidente de todos los peruanos, Pedro Castillo Terrones, ha dado una pequeña muestra de gratitud, aprecio o agradecimiento por el “pueblo” que supuestamente depositó su confianza en él? Todo lo contrario, él es el fiel reflejo del malagradecido, “no más pobres en este país rico”. Gracias al desgobierno y a la rastrera, vil y despreciable corrupción de su desgobierno, ahora son infinitamente más pobres. No es agradecido ni siquiera con sus señores padres, con su esposa y sus hijos, su soberbia es tan grande como el sombrero luminoso que adornaba su pequeña cabeza.
Consecuente lector, quiero usar y darle a la palabra descastado, el significado de ingrato. Sentimiento que corresponde al aún presidente de los peruanos, Pedro Castillo Terrenos, por el escaso o nulo afecto que profesa por su familia, los ha expuesto al desprecio público. Pero lo más grave de ser un descastado, está arraigada en su renuncia a su peruanidad, tanto en lo social, cultural, es decir, a su cualidad humana. Recuerdo con afecto de niño, las corridas de toros en mi pueblo, su bravura la demostraban por no haber sido descastados en la Hacienda La Pauca, en Cajamarca. ¿Por qué razón o motivo, Pedro Castillo Terrones, no responde a su casta y cualidad de peruano y, RENUNCIA a la silla esquiva por amor a Chota? ¡Obras son amores y no buenas razones, Pedrito!

