LAS CACHORRAS
La aventura de la vida adolescente en la Lima metropolitana de hoy constituye el mundo ficcional de Las cachorras (Lima: Ed. Altazor, 2022), de Carlos Rengifo. Una novela divertida que muestra el mundo femenino en tránsito acelerado hacia la juventud, en medio de los peligros propios de esta época, que pueden ocasionar traumas físicos y psicológicos permanentes.
El escenario principal de la novela es El Inmaculado Corazón de Jesús, un colegio de mujeres regentado por monjas, a donde ingresan a estudiar la educación secundaria muchachitas de entre diez a once años, entre las cuales llaman la atención del lector cuatro amigas que vienen muy unidas desde la primaria: Pepa, Soraya, Chana y Jovita.
Ellas no son aplicadas, se sientan en la última fila y solo piensan en divertirse, molestando a las demás, sobre todo a las más estudiosas que suelen sentarse en la primera fila. Piensan que el primer año de secundaria va a ser aburrido, hasta que al aula llega Escarlata, una alumna diligente, tranquila y que no se hace problemas en ayudar en las tareas escolares y exámenes a sus compañeras. Las cuatro amigas la incorporan pronto en su círculo.
Por sus cualidades positivas, Escarlata asume el rol de monaguilla del padre Francisco, un español jovial de calvicie prematura encargado de oficiar la misa en la capilla del colegio una vez al mes.
El religioso parece un hombre sano, pero detrás de esa careta se esconde en realidad un pederasta que utiliza su poder como sacerdote para acosar y manosear en secreto a sus víctimas. Por eso no tiene escrúpulos en llevar a su despacho a Escarlata, cerrar con llave la puerta y violentar a la muchacha mientras le dice al oído obscenidades. No se precisa si el pervertido consumó el estupro. Lo cierto es que después de esta experiencia, Escarlata ya no fue la misma de antes.
Escarlata les cuenta a sus amigas sobre lo que le pasó. Ellas, indignadas, creen que se debe dar parte a las autoridades, incluso a la policía. La muchacha no se atreve a tanto; se limita a referirle del hecho a la directora del colegio. El padre Francisco es llamado entonces a la Dirección, donde la directora tiene con él una conversación muy seria. Después, ya no se le ve más en el recinto colegial al cura, aunque este sigue oficiando misa en la parroquia cercana. Eso es todo.
La novela tiene cinco capítulos, que corresponden a los cinco años que dura la educación secundaria en el país.
El autor narra cómo las protagonistas de la historia van pasando de la adolescencia temprana – que según algunos psicólogos dura desde los 11 a los 13 años de edad – a la adolescencia media – que va de los 14 a los 17 años-. Aunque todas terminan la secundaria a los 15 años, se evidencia los muchos cambios físicos, sexuales, cognitivos, sociales y emocionales que sufren, cambios que evidentemente generan expectativas y tensión en ellas mismas y en las personas de su entorno.
Según los entendidos en la materia, la aventura de la vida en este periodo tiene aspectos cruciales como el despertar sexual y el desarrollo de la identidad, sobre los cuales se trabaja en la novela. Por ello abundan las situaciones hilarantes como el primer beso que las muchachas del círculo reciben por turno de los labios de Jano, un adolescente que disfruta haciendo aquello con el consentimiento de las propias muchachas. La misma descripción de la apariencia de Jano es divertida: “jeans caídos, gorra volteada, patineta en la mano”. Un adolescente típico de nuestro tiempo.
Después, llega el enamoramiento y las salidas con los chicos, los secreteos sobre las primeras aventuras sexuales burlando la vigilancia de las monjas profesoras y a los propios padres, en un contexto signado por el uso de aplicaciones de la tecnología comunicacional como el chat, el messenger, el whatsapp, que operan sus propios cambios en las relaciones sociales.
La identidad sexual se va definiendo, aunque no siempre en las direcciones usuales. Es el caso de Escarlata, quien sin poder explicarse comienza a sentir atracción hacia personas de su mismo sexo. Ya venía mostrando un comportamiento errático, imprevisible, con fallas de tipo comunicacional, también con altas y bajas sorprendentes en su rendimiento académico. Ella que había sido tan estudiosa y apacible. ¿Tuvo que ver en su transformación la diabólica embestida del padre Francisco?
Ser señalada persona “rara” en un ambiente de poca tolerancia y con mucha violencia física y simbólica, como es el populoso distrito limeño de La Victoria, donde viven las protagonistas de la novela, puede tener consecuencias terribles. Por eso no nos extraña que Escarlata y su pareja llamada Lusitana sufran el violento ataque de un grupo de pandilleras que actúa impunemente al interior del colegio religioso. Los apodos de algunas de las chicas pandilleras sugieren su factura delincuencial: la loca Cutervo, la chata Bermúdez.
En el último capítulo, un episodio importante es la fiesta de promoción. Permite hacer un recuento de la vida de las cinco amigas inseparables: Jovita va a la fiesta con su primo, debido a que ella se ha peleado con su novio; Soraya también se separó de su novio y va con otro “chico”; Pepa va a la fiesta acompañada de su galán de siempre, Nando, son la pareja perfecta; Chana no asiste a la fiesta, porque quedó embarazada y para colmo, su enamorado Jimmy se fugó para no hacerse cargo de su paternidad; Escarlata tampoco va a la fiesta, porque le parece una tontería y porque además no tiene con quien ir.
“Eran jovencitas – escribe el autor -, con mucha vida por delante, pero ellas se sentían viejas, recorridas, sin una idea exacta de lo que iban a hacer. Luego del colegio, vendría la universidad, o tal vez no, y andarían por las calles en busca de diversión, de personas que pudieran satisfacerlas, de estímulos para seguir corriendo sin freno. No les interesaba nada, no querían dejar de ser frescas, impulsivas, exploradoras de su propio cuerpo, y si miraban a los chicos de otra manera, los requerían para otros fines.”
Las cachorras, de Carlos Rengifo (Lima, 1964), es una entretenida novela corta de aprendizaje, que esperamos tenga una segunda parte.
Su afinidad con el famoso trabajo ficcional de Mario Vargas Llosa, Los cachorros, editado por primera vez en 1967, es evidente, desde el mismo título y la dedicatoria: “A ´Pichula’ Cuéllar, que vivió el calvario de los colmillos de Judas”.
Se puede hacer un paralelismo entre ambas novelas. Los cachorros comienza con la llegada del personaje Cuéllar al colegio miraflorino Champagnat; en Las cachorras, el primer capítulo trata del arribo de Escarlata al colegio Inmaculado Corazón de Jesús, del distrito de La Victoria. En la obra de Vargas Llosa, hay cinco personajes, amigos inseparables: Cuéllar, Choto, Chingolo, Mañuco y Lalo; en la obra de Rengifo también hay cinco personajes, amigas inseparables: Escarlata, Pepa, Soraya, Chana y Jovita.
Sin duda, el hecho traumático que convirtió a Cuéllar en “Pichula” o “Pichulita” fue el mordisco del perro llamado Judas que le cercenó el miembro y lo que transformó a Escarlata en lesbiana fue la violación que sufrió por parte del depravado Padre Francisco.

