LA PROPUESTA EDUCATIVA DE MARIÁTEGUI

Urbano Muñoz Ruiz
Poeta, narrador y ensayista
Magister en Comunicación Social – UNMSM
Doctor en Educación – UNSCH

Uno de los peruanos más universales y que brilla con luz propia en la galería de los grandes maestros del siglo XX, es José Carlos Mariátegui La Chira (1894 – 1930). Su magisterio social, impartido principalmente desde la palestra periodística, le valió la denominación de Amauta. Castellanismo proveniente de la voz quechua amawta, designación de las personas sabias y con autoridad moral que guían a los hombres y a los pueblos hacia la consecución de su destino.

Escritor de depurado estilo gimnástico merced a sus oraciones rápidas, claras y precisas, que suelen devenir en sentencias memorables. Pensador capaz de auscultar realidades profundas, aquellas que no cambian sino en décadas y hasta en siglos, por lo cual casi todas sus tesis siguen vigentes pese a haber sido enunciadas hace cien años. Hombre de una vida ejemplar y muy fecunda, aunque muy corta, pues solo vivió 36 años. Una vida relampagueante. Todo ilumina en Mariátegui: su vida, sus obras y pensamiento.

Se han escrito numerosos libros sobre estos tres aspectos del Amauta. Por ello es bien conocida su trayectoria vital bajo condiciones difíciles, duras (huérfano de padre, discapacitado desde la niñez, autodidacta por falta de medios para concluir su educación formal) y lo certero de sus postulados sobre el panorama mundial y la realidad peruana.

Sus ideas sobre la realidad educativa peruana han sido recogidas en el libro Temas de educación. Quienes las han estudiado coinciden en que forman parte de un pensamiento coherente y de proyección global. Muy global y, a la vez, muy local. Ello se sintetiza magistralmente en su tesis de la peruanización del Perú, como desafío de los peruanos para superar su situación de oprobio y miseria nacional.

Es interesante constatar que esta idea ya lo había insinuado en el siglo XVI otro peruano de igual vuelo, universal, Gómez Suárez de Figueroa, el recordado Inca Garcilaso de la Vega. Es conocida su frase: “Perú, madrastra de tus hijos y madre de los ajenos”. Expresión de una tremenda insatisfacción y, a la vez, del anhelo de una vida peruana mejor, más justa con los hijos de la tierra. Una expresión que anticipaba lo que tres siglos después escribiría el Amauta:

“En el Perú hemos tenido un nacionalismo mucho menos intelectual, mucho más rudimentario e instintivo que los nacionalismos occidentales que así definen la Nación.  Pero su praxis, si no su teoría, ha sido naturalmente la misma.  La política peruana—burguesa en la costa, feudal en la sierra—se ha caracterizado por su desconocimiento de valor del capital humano.  Su rectificación, en este plano como en todos los demás, se inicia con la asimilación de una nueva ideología.  La nueva generación siente y sabe que el progreso del Perú será ficticio, o por lo menos no será peruano, mientras no constituya la obra y no signifique el bienestar de la masa peruana, que en sus cuatro quintas partes es indígena y campesina.”

Osmar Gonzales (2013) en su trabajo Nueva escuela para una nueva nación, 1919 – 1932, evalúa la propuesta educativa de Mariátegui y dice que esta se enmarca dentro de un discurso de corte marxista heterodoxo y de orientación socialista.

El Amauta considera a la cuestión de la educación como parte del proceso cultural y económico nacional, cuya finalidad debe ser constituir un nuevo orden social, una sociedad de productores y forjar un “alma matinal”, enterrando a la sociedad caduca y al “hombre crepuscular”.

En efecto, en Temas de educación, Mariátegui dice que en el país nunca ha habido educación laica, sino una enseñanza impartida por un Estado que se declara laico pero en la práctica sigue siendo confesional. Entonces está pendiente la creación de la educación nueva y laica, la cual debe estar imbuida de la renovación del espíritu revolucionario, el cual está preñado, al mismo tiempo, de sentido heroico.

Otro principio del pensamiento educativo mariateguiano es que el tema educativo es indesligable de la realidad política y del problema económico. Gonzáles escribe al respecto:

“En consecuencia, no puede haber un programa exitoso de reformas si no contempla esta realidad, si solo dispone de formulaciones abstractas o idealistas. La economía burguesa ha impuesto a la educación un tipo de orientación que le resulta más funcional a su modelo industrialista… es lo mismo que denunciaba Charles Chaplin en Tiempos modernos (1936), y que este artista era de los preferidos de Mariátegui… Se trata, pues, de una época en la que los valores capitalistas estaban en pleno cuestionamiento. No obstante, Mariátegui dirige sus críticas en contra de los intelectuales, a quienes acusa de no preocuparse por las consecuencias del capitalismo y porque no se han ocupado de restablecer “el equilibrio entre lo moral y lo material”. Por el contrario, señala: “Los intelectuales en su mayoría han hecho el juego a la reacción” (…), y a lo más que han llegado esa proponer lo mismo que la vieja mentalidad aristocrática: volver a los estudios clásicos, fórmula que solo engendra un idealismo reaccionario. La relación entre educación y economía está presente solo en aquellos que se propusieron renovar auténticamente la escuela, como Pestalozzi o Froebel, por ejemplo, quienes observan con agudeza que la sociedad moderna es una sociedad de productores. La escuela moderna coloca en el mismo nivel al trabajo manual y al trabajo intelectual, y es el producto “de una civilización creada por el trabajo y para el trabajo”.

Mariátegui defiende, por otro lado, la “enseñanza única”, considerando que esta es de orientación profundamente social. Dice: “Es una idea que ha germinado en el suelo de la democracia; pero que se ha nutrido de la energía y del pensamiento de las capas pobres y de sus reivindicaciones”.

El maestro cristobalino Anatolio Huarcaya (2016), en su contribución Pensamiento educativo de José Carlos Mariátegui y su vigencia en el siglo XXI, asevera que ciertamente la tesis educativa principal del Amauta es la educación única, sin discriminación social, inspirada en el principio de la educación basada en el trabajo.

El pensamiento del autor de Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana y La escena contemporánea contiene muchas ideas renovadoras y pendientes de realización en nuestro país, donde campean todavía la mentalidad colonial, la desigualdad social y la inequidad.