EL QUINTO EVANGELIO SEGÚN MARCO CÁRDENAS
La novela El quinto evangelio (Lima: Ed. Altazor, 2022), del escritor peruano Marco Cárdenas, es una fabulación sobre la vida de Jesús y sus apóstoles, desde una lectura irreverente, con el propósito de erosionar los fundamentos de la doctrina cristiana a la que se cuestiona por sembrar el amor a través del miedo. Una historia apta solo para lectores de mente abierta, no prejuiciosos, pues se desarma simbolismos potentes como la imagen de la madre de Jesús, con una narrativa matizada por el humor, el cual las más de las veces suele tornarse en humor negro.
Los evangelios son los testimonios de los apóstoles Mateo, Marcos, Lucas y Juan respecto a la vida y enseñanzas de Jesús. Se les llama canónicos, pues están reconocidos por las autoridades máximas del mundo cristiano. Empero, hay otros libros religiosos sobre Jesús pero con una visión muy distinta, por lo cual no están incluidos en la Biblia cristiana. Es el caso de los pergaminos hallados en 1945 en el desierto egipcio y cuya autoría se atribuye a los apóstoles Tomás, Felipe y Marción.
La cuestión se hace interesante cuando vemos que los literatos han urdido también sus propios “evangelios”, recreando la vida de Jesús y sus seguidores.
Hay novelas y cuentos de este tipo, anoto algunas celebridades: Figuras de la Pasión del Señor, de Gabriel Miró (editado en 1916); Barrabás y otros relatos, de Arturo Uslar Pietri (1928); Rey Jesús, de Robert Graves (1946); La última tentación de Cristo, de Nikos Kazantzakis (1953); El maestro y Margarita, de Mijaíl Bulgákov (1966); La piedra que era Cristo, de Miguel Otero Silva (1984); Tres versiones de Judas, de Jorge Luis Borges (1944); El evangelio según Jesucristo, de José Saramago (1991).
Algunos fueron escritos con una interpretación ortodoxa de los textos canónicos, es decir sin transgredir lo prescrito por las autoridades eclesiásticas, mientras que otros han sido hechos desde una visión cuestionadora de las imágenes instituidas de Jesús y los suyos. Entre estos últimos, destacan los libros de Saramago y Kazantzakis, rechazados por las iglesias cristianas; el título de Kazantzakis llegó incluso a sufrir excomunión de la Iglesia ortodoxa y fue incluido por el Vaticano en el índice de Libros Prohibidos.
La novela de Marco Cárdenas se encuentra entre los textos rechazados, desde que fue editada por primera vez el año 2000. Ahora lo tenemos enriquecida y aumentada en su cuarta edición. Cuatro ediciones, como si el rechazo eclesiástico hubiera generado en el público más curiosidad y deseo por adquirir el libro.
¿De qué trata El quinto evangelio y porqué ha sido rechazado por el clero cristiano? El rechazo se explica porque en la novela no quedan en pie las mayores imágenes sagradas del Nuevo Testamento, debido a que se les representa como personas ordinarias, con todas las debilidades e incluso miserias que puede tener el ser humano.
Así, José, el padrastro de Jesús, quien es el primer personaje en aparecer en esta historia, es representado como un hombre lascivo, de 31 años, que no puede controlar sus deseos de copular cada vez que ve a una mujer y está ansioso por poseer a su prometida María, de 13 años. La reiteración de las edades de las doncellas prometidas, de entre 13 y 14 años, evidente a lo largo de la novela, sugiere que la mayor parte de los personajes bíblicos son pederastas según la racionalidad de nuestro tiempo.
En el capítulo siguiente, se ve furioso a José, enterado de que su prometida está preñada. Piensa asesinarla o entregarle a la ley para que sea muerta a pedradas, mientras repite: “¡Mierda, mierda!”, “Maldita perra, maldita perra”. El hombre no ha recibido ningún mensaje divino sobre el embarazo de María, por eso se expresa de la peor forma hasta del hijo que ella lleva en sus entrañas. Dice: “¿Crees que hay alguna forma de borrar esa basura que llevas dentro?”. María ni siquiera puede defenderse, dando a entender que fue fecundada por otro hombre y no por Dios, pues a ella tampoco se le ha aparecido ni en sueños algún enviado divino para explicarle el misterio de su preñez.
El nacimiento de Jesús no lo celebra nadie. José lo toma como una afrenta, en tanto se lamenta: “oh Dios, qué maldita noche”. Las palabras “mierda” y “maldición”, expresadas por el carpintero y la mayoría de los personajes serán recurrentes en los demás capítulos.
La fuga de José llevándose a María y al niño a Egipto no es para salvar al niño de la muerte decretada por Herodes, sino por una razón que aquel explica en una carta a su padre: se fugó para evitar que los vecinos se enteraran que María lo había deshonrado.
Años después, cuando Jesús se va de la casa, José sigue renegando de todo lo que tuvo que pasar por la culpa de su entenado, y al enterarse de sus predicaciones, solo deseará que ni se asome por Nazaret, pues lo considera loco. Lo peor que le pasa a José es que al no poder contener su lascivia llega a estuprar a la menor de sus hijas. Su esposa y sus hijos lo abandonan, y viejo ya, termina muerto, embarrado en sus propios excrementos.
El derrotero de María es similar al de su marido. Se enamora de Octavia, una matrona romana para la cual trabaja y con quien descubre el placer sexual. Su lesbianismo hace que descuide a su familia y contribuya a su disolución, hecho por el que le reclaman mediante cartas sus hijos Santiago y Simón, quienes tampoco son unos angelitos, sino unos judíos machistas que disfrutan lapidando a sus esposas por quítame esta paja.
Ninguno de los seguidores de Jesús tiene santidad, por el contrario aparecen con los peores estereotipos. Pedro es el hombre ignorante que al volverse fanático religioso cree ciegamente en tonterías; Andrés representa al homosexual que trata de reprimir sus deseos carnales dejándose atrapar por el delirio místico; María Magdalena es la prostituta arrepentida pero que secretamente vuelve a las andadas; Tapuaj y Cleofé son los seres feos y contrahechos que lo único que desean en este mundo es ser personas normales. En fin, los demás seguidores son de perfil parecido, sin complejidad, planos.
La excepción es Judas Iscariote, retratado como el hombre pragmático para quien solo cuentan sus interesas personales, pero que por ser el más intelectual de los personajes – mejor educado y con la experiencia de haber viajar por casi todo el mundo antiguo- en ciertos momentos se perfila como un ser con altos ideales de libertad y justicia, hasta revolucionario y que ansía romper con todo tipo de dominio – sobre todo con el que reprime la libertad sexual – y apuesta por el goce de la vida. Su discurso subversivo, presente en sus monólogos interiores y en una polémica divertida que tiene con Jesús, se identifica en el libro como el quinto evangelio.
La opinión final del apóstol traidor sobre Jesús es que se equivocó al pensar que este era un revolucionario capaz de liberar al oprimido pueblo judío y que en realidad es solo “un sujeto retórico que camina ciego como la mayoría de los hombres que viven hundidos en el fanatismo religioso”. Antes de matarse, Judas da un discurso donde dice que “la religión sirve únicamente como medio de idiotización del hombre” y termina haciendo una apología del suicidio: “¿acaso la muerte no sabe a miel dormida ante la vida amarga? ¿De qué nos sirve vivir sino aprendemos a morir? Yo soy el último evangelio en este mar de fantasmas extraviados”.
Otro personaje complejo es Juan el Bautista. Su condición de religioso que ha renunciado a las comodidades para entregarse a Dios y enfrentarse al opresor Herodes Antipas lo perfila como un profeta de corte revolucionario, aunque impregnado de cierta envidia frente a Jesús. Pero, finalmente, su imagen se mantiene incólume, después de vencer a la tentación de la libidinosa Herodías, quien al no poder seducirlo se venga haciéndole decapitar. La fe inquebrantable del profeta, no del todo libre de dudas y otras debilidades humanas, lo hace aparecer como un personaje verosímil, cuya santidad es apenas cuestionada en el libro.
En el caso de Jesús, el personaje central, Cárdenas lo trata del mismo modo que a Juan el Bautista, entonces lo apreciamos como un ser que está convencido de su condición de hijo de Dios, aunque tampoco le faltan las dudas y el desánimo cuando no puede convencer a personas tan descreídas como Iscariote. Imaginamos su aureola mística como en los mismos textos canónicos, cuando predica ante la multitud; empero, el resplandor se desvanece en los momentos en que el personaje, como cualquier ser humano, realiza sus micciones y deposiciones excrementicias.
La descripción del aspecto físico de Jesús es otro recurso para desacralizarlo. El autor lo describe y también a sus seguidores, como gente con apariencia de orates mugrientos, lo cual es redondeado por las opiniones descalificadoras que sobre ellos emiten Herodes Antipas, Poncio Pilatos e incluso personajes del bajo pueblo como José.
La imagen de Jesús es entonces la de uno más de los tantos predicadores religiosos, afiebrados por el delirio místico, que recorren las ciudades y campos de Palestina y cada cierto tiempo sufren la lapidación de los judíos que los acusan de blasfemia, o son crucificados por los opresores romanos, al considerar que subvierten el orden público. Su muerte en la cruz, abandonado por la mayoría de sus apóstoles, confirma la referida condición; también la descripción del ambiente en que ocurre el desenlace de la historia: no hay ningún cataclismo o acontecimiento extraordinario que dé cuenta sobre la ira de Dios, apenas una lluvia que luego va calmándose.
Cárdenas escribe: “El susurro de la naturaleza empieza a manifestarse calma, las nubes se van despejando, todo anuncia que la vida es fría, inmutable, apenas una infausta e irrepetible experiencia. A la distancia, más solitario que nunca, Tapuaj se va alejando lentamente, sin destino, sin esperanza, mientras un aullido de perro anónimo inunda de melancolía el firmamento”.
Sin duda, Tapuaj representa a la gente más humilde y necesitada de creer en algo que le dé esperanza, aunque ello finalmente termine frustrándole si ha optado por la religión.
El quinto evangelio es una novela matizada de humor negro y con un lenguaje densamente sicalíptico, el cual se morigera por partes gracias a los recursos literarios que maneja hábilmente Marco Cárdenas (Huanta, 1962), escritor ya con una larga experiencia ganada en el campo de la cuentística.

