PALABRAS

Livio J. Huaripaucar Huancahuari
Especialista Lengua y Literatura por la UNSCH 
Licenciado en Educación
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Un día soñé caminando en solitario un basural de palabras, palabras en desuso, palabras malentendidas, palabras olvidadas, palabras cortadas, palabras borradas, cabeza y cola de palabras, corazón de palabras, palabras sin alma, palabras heridas, sangre de palabras, palabras pariendo otras palabritas que crecerán y subsistirán para ganar un significado. Había también palabras malolientes, roídas, oxidadas, afiladas, delicadas, incluso palabras ebrias de las que no se sabe nada arrastrándose, pero otras palabras (sobrias) ayudan a levantarse en medio de lodo de palabras. Había todavía palabras que repetían y se peleaban por ser una sola. Una llanura de palabras para caminar sobre ellas, pero no terminan ahí, mis ojos se pierden en el horizonte de palabras que hacen un paisaje semántico.

Otros días sueño persiguiendo palabras que corren por los caminos, vuelan como aves hacia los árboles, se esconden en lugares donde no puedo hallar. Cansadas de mi acoso han acordado desnudarme y sacarme la lengua que me hacen saber con sus furibundas miradas; entonces termino huyendo, corriendo, pidiendo socorros. Miro sus fauces amenazantes, vienen armadas de otras palabras punzantes, me han empalabrado, es decir, acorralado, se lanzan hacia mí para aniquilarme, entonces despierto sobresaltado, con una nostalgia recóndita, sin poder concebir lo que busco de las palabras.

Me dediqué en esta para intentar repararlos, restañarlos, limpiarlos, curarlos, arreglarlos, fortalecerlos, hallar sus significados, apropiarme para hacer mis cosas, pero no he tenido éxito. De modo que he desperdiciado las palabras y el tiempo. El consuelo será haber visto el corazón de algunas, el olor de otras, la esencia de pocas, pero cuánto me hubiera gustado conocer esas, las más complejas, que tienen valía aquí y allá, que están resguardadas y ocultas. No queda mucho tiempo y los días me hacen saber que más allá del horizonte de palabras están los dioses que saben el secreto de las palabras. Lo que no se concibe con palabras no existe, dicen, pero no me he de irme sin terminar esta escalera débil de palabras que me han de servir para ver a los dioses que moran detrás de la montaña de palabras.

Tal vez mis días sean idas y venidas permanentes, sueños y pesadillas, provocación y evasión, y yo sea un perseguidor de palabras, lo cierto es que deseo fervientemente hacer mi bandera con ellas, conocer el inicio y el final, lanzarme a las contorsiones y piruetas ¡Cuánto lo deseo!