El “nuevo lenguaje” en la poesía moderna española, según Hugo Friedrich

Francois Villanueva Paravicino
Escritor Peruano

El “nuevo lenguaje” en la poesía moderna, según el crítico y teórico literario Hugo Friedrich en su opus magnum Estructura de la lírica moderna (1959), presenta un estilo anormal, o lenguaje muy extraño o esotérico, que tiene la dificultad tanto sintáctica como semántica que presenta la poesía moderna y parece exigir una reformulación del texto. Por ello, en el “nuevo lenguaje” la reformulación interpretativa falsea el poema.

En la lírica moderna, en ese sentido, tal falsificación es considerablemente mayor por los motivos ya citados: esta lírica aspira a su ser diferente, en primer lugar, con su manera de expresarse, la cual, en la mayoría de las cosas, no es la consecuencia, sino la causa de una visión diferente. La poesía moderna gusta fortalecer la ambigüedad en el “nuevo lenguaje”. También ahí se da la contracción.

En España, la poesía moderna ha tendido a ser oscura y esotérica, pero para los españoles el límite de lo esotérico no ocupa el mismo lugar que para los demás europeos, sino que se halla más alto. Esta antigua vena de la poesía estaba caracterizada por su estilo oscuro, lleno de laconismos y alusiones, con tendencia a confiar en la intuición y a suprimir los enlaces objetivos y lógicos. La lírica moderna se apoderó de un estilo.

El oído español aprecia en algunos versos llenos de misterio de Federico García Lorca, y aún en Rafael Alberti, la familiar sonoridad de los romances arcaicos, mientras que el extranjero solo percibe un lenguaje enigmático, de una fascinación que no le parece nada popular. Solo a mucho mayor altura, con los líricos decididamente intelectuales (Jorge Guillén, Luis Cernuda y otros), el español tiene la impresión de oscuridad esotérica. Ello se debe a que este lenguaje se presta al estilo lírico moderno, que por muchas razones quiere ser oscuro y audaz.

La finalidad de la artesanía verbal, su tendencia a lo experimental, su dureza de corazón: estas y otras muchas características son efectos inmediatos del “espíritu de la época”. En este sentido, la lírica deshumanizada parte del ensayo La deshumanización del arte (1925) de José Ortega y Gasset., cuya teoría y crítica procede de la estética de Kant y de Schiller, cuyo planteamiento primordial es: “Estilizar es deformar la realidad, desrealizar. Estilización implica deshumanización.”.

En la lírica, la estilización ya no busca plantear formas naturales que se perciben en la realidad cotidiana, sino preocupaciones ontológicas y metafísicas que dialécticamente reproducen un mundo deshumanizado. Esta poesía especial y singular, esotérica e innovadora, donde predomina la forma, Ortega conceptúa la nueva estética como “arte para minorías”, literatura refinada de evasión que no sabe asimilar el vulgo. Es decir, un arte especial. 

En general, puede decirse que el estilo sencillo era el espontáneo y natural y servía para tratar de cosas humildes. El estilo medio era más cuidado y elegante. Se utilizaba para expresar conceptos algo más elevados. El estilo sublime se usaba para manifestar las actitudes dramáticas y entusiastas y se aplicaba a asuntos nobles y grandes. La unidad de estilo no es sinónimo de monotonía, que significaba una común actitud en la manera de tratar el lenguaje, en el modo de ver, en la temática, y en las curvas internas. En cambio, la originalidad es una cuestión de calidad, que no se decide por el tipo. Por otro lado, el reconocimiento de esta unidad de estilo, es la única manera de penetrar en aquellos poemas que se apartan voluntariamente de la comprensión normal.