DOMINGO SARMIENTO Y LA EDUCACIÓN POPULAR

Urbano Muñoz Ruiz
Docente en la Universidad Nacional  San Cristóbal de Huamanga
Poeta, narrador y ensayista
Magister en Comunicación Social – UNMSM

El propósito de lograr la independencia completa (no solo política, sino también económica y cultural) de Latinoamérica, mediante la implementación de la educación popular (o pública), es una constante en el pensamiento clásico latinoamericano. Así, lo encontramos entre las ideas del maestro, escritor y político argentino Domingo Faustino Sarmiento (1811 – 1888).

El autor de Facundo, texto emblemático de la literatura argentina del siglo XIX, fue preceptor o maestro de escuela desde los 14 años; tiempo después, testigo presencial de las experiencias pedagógicas innovadoras de Europa y Estados Unidos.

Tenía, como los más destacados pensadores latinoamericanos de su tiempo, una ideología liberal opuesta al militarismo y a los poderes dictatoriales. Por ello, no dudó en atacar los privilegios de la Iglesia Católica y la influencia del clero en la política. En este sentido, anticlericalismo, laicidad y la separación entre la Iglesia y el Estado fueron los rasgos distintivos de su pensamiento. También el rechazo a la educación elitista, aristocrática, y a la educación que excluye a la mujer.

Según lo precisa Ocampo (2018), en su artículo “Domingo Faustino Sarmiento. El Presidente de Argentina “Maestro de América”, Sarmiento estaba convencido de que la educación es la fuerza dinámica de la cultura que lleva a la formación de las jóvenes generaciones y, por ello, debe ser la obra más importante de las naciones.

Entonces, si se quiere transformar a los pueblos atrasados, pobres, fanáticos y supersticiosos, como son los pueblos latinoamericanos, debe priorizarse la educación. La meta es el cambio de la mentalidad, para que estos pueblos se conviertan en emprendedores, tengan espíritu moderno y sean grandes trabajadores, progresistas y democráticos, respetuosos de las leyes y los derechos del hombre y del ciudadano.

En su libro De la Educación Popular, editado en 1849, Sarmiento insiste en que la educación debía llegar a las grandes mayorías y a la mujer, sin distinción social. Por eso preconiza la educación popular y práctica, tomando como modelo a la educación norteamericana, e inspirado en los principios y métodos propuestos por el pedagogo suizo Johann Heinrich Pestalozzi.

Nos permitimos transcribir lo que anota Ocampo, cuando señala que Sarmiento consideraba categóricamente que el maestro “es aquel que siembra la semilla de la cultura y se preocupa por la formación integral de sus discípulos, teniendo en cuenta el estado de los conocimientos, sus experiencias magisteriales, los métodos para llegar al aprendizaje y a la creatividad de los alumnos y la búsqueda de las tendencias hacia las metas del futuro de los pueblos. El maestro modela a sus alumnos como el artista que pule con el cincel sus bellas obras que se transmontan a la posteridad; él infunde esa llama interior que transmite dinamismo en las jóvenes generaciones para la creatividad y la acción en el desarrollo de las sociedades”.

En Argentina, hablar de Sarmiento es hablar de quien implementó en el país la educación pública, gratuita y común; también de la presencia de las mujeres en la educación, algo realmente revolucionario para su época. El reconocimiento de la labor señera de Sarmiento en el campo educativo es tal que el Día del Maestro se celebra cada 11 de setiembre, fecha de su fallecimiento.

Empero, su pensamiento educativo tenía una limitación: no consideraba a los indígenas como destinatarios de su propuesta educativa. Pensaba que la educación debía ser para todos, pero dejaba fuera a los indígenas, a quienes no consideraba dignos de ser educados. En la disyuntiva que marcó a Argentina desde mediados del siglo XIX, civilización o barbarie, no se diferenció mucho de quienes pensaban, y eran mayoría en la intelectualidad de entonces, que para transitar a la vida moderna debían tomar como modelo a la civilización occidental, sobre todo la proveniente de Europa y Norteamérica. Una orientación aculturada donde lo indígena e incluso lo gaucho (expresión de la cultura mestiza merced al cruce de lo indígena con lo hispano) eran considerados salvajes.