RIQUEZAS PESQUERAS DEL MAR SOBERANO

Kewin J. Espinoza Castro
Director de Prens Perú – Apurímac

Estoy seguro que muchos de nosotros, hemos escuchado aquella canción “Y Se Llama Perú”, un himno que infla nuestros corazones y enaltece el orgullo de ser peruanos, a un mes del derrame de petróleo por parte de Repsol, recuerdo bastante la siguiente parte “atesoran sus playas riquezas pesqueras del mar soberano”, después de ello, pienso que estamos perdiendo nuestras riquezas y que tal vez aquellas letras ya no sean más que realidad y pasen a ser pasado.

El ruido político que parte desde la plaza Bolívar, (la casa de los mal llamados padres de la patria) y los sonidos desafinados que salen desde la casa de Pizarro (palacio de gobierno), suenan y resuenan en medios periodísticos; sean de corte escrito, radial o televisivo, donde algunos defienden a los congresistas y otros al ejecutivo, dejando minas psicosociales que finalmente contribuyen a una verdadera crisis política, y espantando temas que sí deberíamos preocuparnos.

Ha pasado más de un mes desde el primer derrame de petróleo por la irresponsabilidad de la empresa española Repsol, y hemos visto una población ponerse de pie para protestar contra esta empresa,  al mismo tiempo una ciudadanía despojarse del cabello para intentar aplacar el desastre ecológico que nos afectará entre 6 a 10 años, pero pareciera no importarnos a la vez ello.

No sabría exactamente como describir este párrafo, quisiera decir que hemos visto un congreso ciego, sordo y mudo; pero creo que estás frases no alcanzaría para referirnos a un puñado de parlamentarios, que prefirieron seguir jugando a atacar al inquilino de palacio de gobierno, o también aquellos otros que optaron como mayor necesidad, defender el sombrero y el lápiz del sentenciado por corrupción Cerrón.

El accionar desde la envestidura más importante de nuestro país, fue absorbida por un sombrero, desapareció la banda presidencial y el mayor logro fue conseguir canastas de alimentos para pescadores que no sólo veían ante sus ojos como perdían sus trabajos, ellos también observaban como aquella fauna marítima moría en los litorales, pero nada podían hacer por que el gobierno una vez más dormía el sueño de los justos.

Pasó un mes del derrame del petróleo, sendos diarios que se escriben con tinte de plata pertenecientes a grupos de poder; a grandes titulares informaban sobre el rescate de aves y especies marinas, de convenios con el parque de leyendas para custodiar estos animales; aquel regocijo no puede ser respondido con la más alta indignación y vergüenza ajena, por que no debemos aplaudir a quien tiene una obligación, y en cumplimiento de ello realiza una acción.

Nosotros los peruanos, no debemos olvidar este desastre ecológico, debemos ser la memoria que les falta seguramente a nuestras autoridades congresales y palaciegas, para hacer recordar que esta empresa española debe cumplir, debemos hacer respetar nuestro mar de Grau.