VOLUNTADES

Lorenzo Ruíz De La Vega Tenor
Periodista
Maestría en Gestión y  Políticas Públicas – UNMSM

Se trata de jóvenes que buscan la transformación de Ayacucho y el mundo que los rodea a través de la acción gratuita que consiste en entrega apasionada de apoyo, colaboración, solidaridad y voluntad. De ahí su nombre “Voluntades”. Cada uno de los voluntarios, en suma, no sólo son un grano de arena, sino un engranaje que transforma la vida de toda una comunidad: adultos mayores, niños y niñas, escolares, nuestro pachamama, etc. Los diferentes proyectos están gestionados por jóvenes constructores entregadas a la acción.

Voluntades acaba de cumplir 14 años en Ayacucho y a nivel nacional tiene más de 19 años de fundación. Desde entonces ha desarrollado una red nacional que ahora está presente en Lima, Chiclayo, Huancayo y Puno. Desde su nacimiento se sostiene en el pilar de hacer del mundo un lugar mejor. Agrupa a estudiantes universitarios o de institutos, egresados, profesionales y personas que se desprenden de sus propias vidas o actividades para colaborar con los que más necesitan en otro lugares, como el asilo de ancianos o en las comunidades aledañas de Huamanga donde se encuentran adultos mayores abandonados a su suerte, en el puericultorio de niños y niñas, en la vida de los enfermos por Covid-19, en el río Alameda que no tiene un respiro saludable debido a los desechos, y anteriormente en el colegio Fe y Alegría, la cárcel, etc.

“Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”, decía el escritor Eduardo Galeano. A lo largo de los 14 años de acción, en Ayacucho Voluntades ha contribuido en la vida de muchas personas atendidas y, sobre todo, en la propia de los voluntarios, al unirlos a una comunidad donde encontraron amistades, al orientar sus vocaciones profesionales, al capacitarlos, al verse descubiertos en su potencialidad creativa, y al encausarlos en su crecimiento personal.

Por eso, la distribución de la alegría y esperanza a las personas no es solamente para jóvenes con tiempo, sino para seres humanos que desean crecer más, descubrirse en el desarrollo de su potencialidad y trascender. Los jóvenes que se unen a otros voluntarios, se inspiran, forjan su espíritu, salen de sus casillas o son rebeldes consigo mismos, y no se dejan congelar en el enanismo de la inacción.

Este es el espíritu de Voluntades que transformó mi propia vida. En el 2007, gracias a la invitación de los jesuitas de Ayacucho, tuve la oportunidad de participar en el voluntariado aproximadamente durante un año mientras estudiaba en la universidad. Los juegos con los niños del puericultorio, colegio Fe y Alegría, la visita a los presos en la cárcel, y el baile con las abuelas del asilo de Ayacucho me han desbordado de mucha energía y alegría. Conocí a personas talentosas, que me inspiraron en mi crecimiento personal, con quienes mantengo la amistad. Por cierto, continúan enarbolando la ambición de ese entonces: “Hasta llegar a Pakistán”.

Ayacucho como región, a partir de la experiencia de Voluntades y otras organizaciones de jóvenes, debe promover políticas públicas de voluntariado. Se puede revisar, por ejemplo, la experiencia de México, donde el voluntariado está enlazado a créditos académicos de estudios superiores. Gracias a este programa los jóvenes estudiantes tienen la oportunidad de participar en el quehacer de las instituciones públicas o sociales a favor de las comunidades indígenas, inmigrantes, indigentes, adultos mayores, niños en orfandad, presos, etc. Nuestro mundo necesita de voluntarios.

¡Feliz 14 años a Voluntades de Ayacucho!