QUO VADIS: ¿A DÓNDE VAS PEDRO?

Manuel Oswaldo Chávez Pérez
Analista Político y Legal
Abogado Periodista
Presidente Fundador “Consultores Jurídicos Chávez Péres & Asociados» 
Presidente Fundador “Fundación Criptojuris»
 

Hola Pedro, el 26/07/2022, la Agencia Prens Perú, publicó una “carta” dirigida a tí la cual titulé: ¡Pedro, Vete Ya, Mañana Es Tarde!. Tus ayayeros nunca te la mostraron. Hoy, ya  el “sol de los venados” acompaña tu espalda. Pero, nunca es tarde cuando la dicha llega, como dicen por nuestras tierras. Ojalá leyeras esta nueva “carta”, que he titulado: Quo Vadis: ¿A dónde Vas Pedro”. Como, maestro sabrás que esta frase latina significa a dónde vas. Históricamente esta frase está estrechamente vinculada a la vida cristiana, a sus orígenes, involucrando a San Pedro, tu tocayo. Como Evangélico Nazareno, si aún lo sigues siendo, seguramente te refirieron la desventura de tu tocayo, que huyendo de Roma del energúmeno Emperador Nerón, en camino por la Vía Apia, se cruza con Jesucristo que iba cargando una cruz. Pedro, tu tocayo, le pregunta: “Quo Vadis Domine” (¿A dónde Vas Señor) nuestro Señor le contesta: “ «Romam vado iterum crucifigi» («Voy hacia Roma para ser crucificado de nuevo»). Tu tocayo, lleno de vergüenza, regresa a Roma, a continuar con su prédica cristiana, siendo posteriormente crucificado cabeza abajo. ¿Pedro, qué cruz estás cargando que no sea la vergüenza de haberte aliado con los más perversos corruptos y ladrones del erario público? Renuncia a la “silla “esquiva”, no hagas transitar más por la vía dolorosa de la humillación pública, a la que has expuesto a tu esposa Lilia, a tus hijos y a tus padres. ¿No te duele la miseria de los pobres, ahora más pobres, a los que con palabra de maestro juraste reivindicar?

Marco Aurelio, Emperador romano del 161 al 180 d.C., escribió en sus diarios, que bien valdría la pena los releyeras, él agradece con quienes estaba en deuda, te lo copio: “… Agradece a su abuelo por enseñarle a ser sincero, modesto y ecuánime; su padre por enseñarle a ser humilde, tranquilo y frugal; su madre por enseñarle a ser generoso y no materialista; y sus maestros que le enseñaron el valor del trabajo duro, la autodisciplina, la ecuanimidad, la racionalidad, el humor y la tolerancia. De sus maestros, también aprendió a amar la filosofía práctica, en lugar de la metafísica, la lógica y la vanidad de los sofistas. También le agradece a su esposa por ser cariñosa.” (Meditaciones M.A). Si ponderaras con el corazón en tus manos, tales agradecimientos, seguramente todos, o al menos unos cuantos, deberías tomarlos en cuenta, como por ejemplo, dejarlo todo, lo cual se traduciría en tu viril RENUNCIA a la “silla esquiva“. “No malgastes tu tiempo discutiendo como debería ser un hombre bueno. Se uno” Marco Aurelio.

Transcribo un párrafo de la carta: “¡Pedro, Vete Ya, Mañana Es Tarde! En ella dije: “Tú sabes hermano que los shilicos somos expertos negociantes, por lo que me he permitido analizar tu situación jurídica si tomas HOY la decisión de renunciar a la silla, que ha sido muy esquiva contigo hermano. En primer lugar, Pedrito, quiero que preguntes al Iracundo, que, si convocaras ya, pero ya, a la nueva junta directiva del Congreso para plantearles tu indeclinable renuncia a cambio de una garantía, óyelo bien, que te garanticen una amnistía absoluta de conformidad al numeral 6, artículo 102 de la Constitución Política del Perú (jamás Carta Magna). Fíjate Pedro, la amnistía que decretara el Congreso a favor de tu persona, lavaría y pasaría al olvido las ofensas que supuestamente hubieras cometido mientras ocupabas la silla esquiva. Esa garantía te la deben firmar, sellar y refrendar testigos hábiles. En todo caso Pedro, no te correspondería el indulto presidencial, pero sí una La Ley de Punto Final si tuvieras una causa penal abierta. Pregúntale al Iracundo. Imagínate ya en Tacabamba, preparándote para ir a visitar la chacrita, luego de haber tomado tu caldo verde preparado con el amor de tu mamita, oirás el mugir de tu vaquita al verte nuevamente, ese día seguro te dará más leche. Y lo más grande Pedrito, volver a dar clases en tu pequeña escuelita, el alborozado abrazo de los niños y llenar del polvo de tiza blanca tus manos. Para finalizar esta carta abierta, te deseo lo mejor Pedro, siempre y cuando me hagas caso: ¡Vete ya hermano, mañana es tarde!” (Iracundo, léase Aníbal Torres)